martes, 4 de noviembre de 2014

Capitulo 13: " Trabajo Interrumpido"

Pedro tenía una máquina de escribir
en el estudio, y frente a ella se sentó
Paula, y fue escribiendo lo que él le
dictaba: los nombres, su número,
peso, y otras características,
acabando con cuántos terneros habían
parido. Por fin, la joven dedujo que
había decidido deshacerse de aquellas
reses por su baja capacidad
reproductiva.

—Esto se llama esclavitud —murmuró
mientras se paraba a hacer una
corrección.

—¿Perdón?

—Vender estas vacas sólo porque no
sirven a tus propósitos... —farfulló, meneando la cabeza
—. Pobrecillas.

—Soy ranchero —le recordó él—, no
el director de un centro de acogida
para animales. Además, las vendo en
vez de sacrificarlas precisamente
porque considero que aún pueden ser
útiles para la cría: son Herefords,
pero ahora parirán terneros Angus
negros purasangre.

—¿Angus negros? —repitió Paula con
incredulidad—. Creo que el whisky se
te ha subido a la cabeza.

Pedro enarcó las cejas.
—¿Sabes algo acerca de la cría de
ganado?

—Pues claro que sí —respondió ella
algo ofendida. ¿Qué se creía, que era
una ignorante en esos temas sólo
porque era de ciudad?—. Primero
necesitas un toro y una vaca, y
luego...

Pedro se echó a reír de buena gana.
—Me temo que es un poco más
complicado —le dijo—. Verás, lo que
mi comprador va a hacer con estas
vacas es implantarles embriones de
Angus negros. Así se consigue criar
terneros purasangres a partir de vacas
menos caras.

—Ya, y seguro que creen que están
mejorando la naturaleza —murmuró
ella, frunciendo el entrecejo y
arrugando la nariz.

—Bueno, ¿no pretenden las mujeres
algo parecido con el pintalabios, la
sombra de ojos, el rimel...? —le
espetó él—. Claro que tú no necesitas
ninguna de esas cosas —admitió,
estudiando su limpia y cremosa piel, y
las espesas y largas pestañas que
bordeaban sus ojos.

— Sólo me maquillo para las sesiones
fotográficas y los desfiles —murmuró.

La mención de su trabajo fue
suficiente para romper la frágil
cordialidad que se había establecido
entre ellos. Las facciones de Pedro se
endurecieron de inmediato y un brillo
peligroso relumbró en sus ojos grises.

—Oh, sí, los desfiles... No hace
mucho vi en la televisión uno en el
que salías tú —comentó con aspereza.

Paula rehuyó su penetrante mirada.
—¿De veras? Creo que puedo imaginar
cuál fue tu opinión.

—Una de las blusas que posabas era
casi transparente, y no llevabas nada
debajo. He visto bikinis que
enseñaban menos, la verdad.

A Paula se le subieron los colores a la
cara. Tenía razón, porque mucho de
los diseños de David Sethwick para la
firma Velvet Moth eran prácticamente
transparentes y muy sensuales, pero,
dentro del mundillo, para los
diseñadores las modelos tenían una
función de meros maniquíes, de
perchas en las que colgar su ropa
para mostrarla, y ella y las otras
chicas tendían a olvidar que lo que
para ella era algo natural, una
exigencia de su trabajo, para algunas
personas prejuiciosas de fuera,
como  Pedro , era exhibicionismo. Se
preguntó cómo reaccionaría él si se
enterase de hasta qué punto era
inocente, del temor que tenía al
contacto físico con un hombre.

—La alta costura a veces es un poco...
sugerente —admitió con la mirada fija
en las teclas de la máquina de escribir
—, y trabajo principalmente con dos
diseñadores de trajes de noche, y se
supone que tienen que ser sensuales.

—Pues desde luego no irías conmigo a
ningún sitio vestida así —gruñó él.

La sola idea de una salida nocturna
con Pedro hizo que sintiera un
cosquilleo en el estómago. De pronto
se imaginó agarrada de su brazo,
entrando en un inmenso salón de
baile... y, con la misma rapidez, el
ensueño se esfumó. Aquello jamás
ocurriría.

—Pero a ti te encanta, ¿no es
verdad? —le dijo , sentándose
en el borde de la mesa y mirándola a
los ojos.

Paula se removió incómoda en el
asiento. Su proximidad la hacía
sentirse temblorosa.
—¿El qué? —inquirió sin comprender.

Pedro la observó en silencio antes de
contestar, admirando sus grandes ojos
castaños, sus gruesos labios
entreabiertos...
—Desfilar, posar —le dijo—, el
glamour, los focos, la adulación de los
hombres... No serías capaz de
renunciar a ello aunque lo intentaras,
a pesar de ese cuento de que quieres
ser profesora.

Paula lo miró airada.
—¿Entonces para qué crees que llevo
todo este tiempo preparándome en la
universidad? —le espetó—. ¿Para
recitar a Shakespeare mientras
desfilo?

Pedro se quedó callado.
—Bueno, he de reconocer que eso me
tiene bastante perplejo —murmuró
—, y aun creyéndome que quieras
dedicarte a la enseñanza en un futuro,
me cuesta comprender por qué
querrías hacer algo así.

— ¿Por qué? Es una profesión tan
honorable como otra cualquiera —
respondió ella.

—¿Y dónde se supone que enseñarías?,
¿En la universidad?

—En la escuela primaria — corrigió
ella, y sus ojos se iluminaron, como
siempre que se imaginaba a sí misma
delante de una clase de pequeños,
ansiosos por aprender—. O mejor
aún, en un jardín de infancia.

La expresión en el rostro de
Pedro cambió de incredulidad a
sorpresa.
—¿Te gustan los niños?

Paula sonrió ampliamente.
—Oh, sí —asintió con sinceridad
—. Me encantan. Sobre todo cuando
están en esa edad en la que están
empezando a abrirse al mundo que los
rodea.

Mirándola a los ojos,  Pedro extendió
una mano y tocó con ella la mejilla de
Paula.
—Me tienes fascinado —murmuró en
un tono ausente. Deslizó el pulgar por
los suaves labios de ella,
separándolos sin dejar de mirarla
—: mitad mujer, mitad niña... y de
una belleza tan exquisita...

El corazón de la joven empezó a latir
salvajemente cuando vio que él estaba
inclinando el rostro. El aliento de
Pedro se mezcló con el suyo, mientras
sus ojos esmeraldas descendían hasta
la curva de sus labios, como atraídos
por una poderosa fuerza magnética.

—Me temía que esto iba a ocurrir... —
murmuró Pedro—. Una vez no podía
ser suficiente.

La tomó por la barbilla, haciéndole
alzar el rostro justo en el ángulo que
quería, y Paula observó fascinada
como los labios masculinos se
entreabrían al acercarse a los suyos.

Esperó ansiosa, muriendo por dentro,
mientras los segundos parecían
estirarse, tensándose como la cuerda
de un violín.

Cuando de pronto, se abrió la puerta,
y para Paula fue como si le hubiesen
dado un latigazo. Pedro levantó la
cabeza al instante, apartándose de ella
con los ojos ensombrecidos por la
frustración, y se volvió para ver que
se trataba de su hermana, que le
llevaba una bandeja con unos
sandwiches y café.

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Perdon la demora!
Comenten mucho!
Pd: el pretendiente de luciana se llamara "lucas" no gustavo como habia puesto primero.
Pd 2 : Baila PyP al 13013
Soy @letipauliter

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