Durante el camino de vuelta, Paula ni
siquiera intentó sacarle conversación.
Estaba demasiado agitada por sus
insinuaciones, y por el recuerdo de lo
que había ocurrido en el lago, así que
trató de concentrarse en la suave
música que estaban poniendo en la
radio para relajar sus nervios.
Ya estaban sólo a unos kilómetros de
Gray Stag cuando empezaron a caer
gotas. Pedro se desvió hacia el arcén
para ponerle la capota al coche. El
cielo se había oscurecido por
completo.
Se metió en el vehículo de nuevo, y se
quedaron los dos en silencio,
observando cómo la manta de agua se
hacía más densa.
El sonido de las gotas al caer sobre el
capó era extrañamente reconfortante,
pensó Paula.
Pedro apoyó el brazo en el respaldo
del asiento de la joven, y sus ojos
recorrieron los suaves contornos de
su cuerpo.
—¿No estás asustada? —inquirió
—. Pensé que te daban miedo las
tormentas.
—Sí, pero sólo cuando hay rayos y
truenos — contestó ella.
—Recuerdo una noche en que hubo
muchos — murmuró él—. Tú tendrías
dieciséis o diecisiete años, y te
escuché llorar por la tormenta cuando
estaba cambiándome.
Paula no se atrevió a alzar la vista.
—Cuando se abrió la puerta de mi
dormitorio y apareciste tú, no sé de
qué tenía más miedo: si de los rayos y
los truenos, o de ti.
Pedro esbozó una leve sonrisa.
—Me di cuenta de ello. Y tuviste
suerte de que así fuera —añadió, y la
sonrisa se borró de sus labios. Sus
ojos entornados descendieron hasta la
camisola de la joven—.Lo más difícil
que he hecho en toda mi vida fue
tener que obligarme a salir de allí.
Paula giró el rostro hacia la ventana,
roja como una amapola.
—Aunque han pasado varios años, en
muchos aspectos aún me pareces
aquella adolescente —murmuró él—, y
físicamente te has desarrollado, claro,
pero ya entonces eras perfecta, tan
perfecta como ahora, con esa piel
blanca y suave...
Paula se quedó sin aliento al recordar
cómo la había estado mirando junto al
lago, al levantarle la camisola.
—Pedro, por favor, no —le rogó.
—¿Quieres dejar de hacerte la
remilgada? —gruñó él.
De repente, sus fuertes manos la
asieron por los hombros, atrayéndola
hacia él. Paula creyó que el corazón
iba a salírsele del pecho y, aturdida,
se encontró mirándose en sus ojos
llameantes.
—Nadie nos va a interrumpir ahora —
murmuró Pedro con voz ronca,
apretándola contra sí—. ¡Oh, Dios, te
deseo tanto como un adolescente...!
Sus labios tomaron violentamente los
de Paula, forzándola a abrirlos, y ella
gimió, asustada. La tenía firmemente
asida, y estaba demasiado excitado
como para atender a razones. No
podía despegar su boca de la de él, ni
liberarse.
Era como si aquella noche se estuviera
repitiendo, se dijo horrorizada,
aquella noche cuando tenía catorce
años, y uno de los múltiples amantes
de su tía había intentado aprovecharse
de ella. Recordó con repugnancia los
húmedos labios del tipo insistentes
sobre los suyos, la osadía y
brusquedad de sus manos, tocándola
en lugares donde no había permitido
que ninguno de los chicos con los que
había salido la tocase. Entonces
también se había sentido impotente,
aterrada y asqueada.
Si su tía no hubiese llegado de pronto,
si aquel bastardo no hubiese oído la
llave en la cerradura, habría sido aún
peor. Se había quitado de encima de
ella como un resorte, retándola a
contárselo a su tía, y había
corrido a su habitación, con las ropas
desgarradas y el cuerpo magullado y
dolorido, y había llorado hasta
dormirse maldiciendo a aquel canalla,
a todos los hombres, por las bestias
en que se convertían cuando se
despertaban sus apetitos sexuales.
Y ahora estaba volviendo a suceder...
Pedro estaba haciéndole daño,
intentando forzarla...
El desgarrador gemido que escapó de
su garganta y las lágrimas ardientes
que empezaron a rodar por sus
mejillas fue lo que al fin hizo que
Pedro la soltara, echándose hacia
atrás para mirarla. El rostro de la
joven estaba lívido, y era la viva
expresión del miedo.
—Paula... —murmuró.
Ella estaba temblando de pies a
cabeza, tenía los ojos como platos y
sollozaba incontrolablemente.
El rostro de Pedro se contrajo, y
extendió una de sus grandes manos
para secarle las lágrimas y arreglarle
el revuelto cabello.
—Está bien —le susurró en un tono de
voz tan suave que no parecía el suyo
—, está bien, Pau, no voy a hacerte
daño... Tendría que haberme dado
cuenta de que... Dios, ¿por qué no me
has dicho nada? Vamos, deja de
llorar, por favor... —le rogó sacando
un pañuelo de su bolsillo.
Pero ella siguió tensa mientras le
secaba las mejillas, y la inquietud no
se había borrado de sus grandes ojos
castaños cuando se encontraron con
los de él..
—Yo no soy... no soy esa clase de
mujer... no soy una zorra... —
murmuró con voz entrecortada—, y
tú... tú no haces más que tratarme
como si lo fuera...
Las facciones de Pedro se
endurecieron.
—Escucha, Paula, yo...
Pero ella no quería oírlo.
—Déjame —le imploró, empujándolo
por el pecho—, por favor, déjame
tranquila...
Y, como si fuera un animal herido y
asustado, se acurrucó contra la
portezuela, cerrando los ojos con
fuerza.
—¿Por qué no me dijiste desde el
principio que eras virgen? — inquirió quedamente, observándola.
Paula abrió los ojos, pero no se movió,
ni lo miró, y tardó en contestar.
—Porque no tenía ni idea de que ibas
a intentar nada conmigo —farfulló
—, y porque no me habrías creído
aunque te lo hubiera dicho.
Pedro dejó escapar un pesado suspiro.
—Después de cómo reaccionaste
cuando empecé a acariciarte junto al
lago, tal vez sí te habría creído —
repuso con la vista fija en sus mejillas
arreboladas—. ¿Te he hecho daño?
Paula se sonrojó aún más, y sacudió la
cabeza nerviosa.
—¿Podemos volver ya al rancho, por
favor? —le suplicó.
—Paula...
Hizo ademán de acercarse a
ella, pero al instante ella se echó más
hacia atrás, con los ojos desorbitados
y el cuerpo rígido.
Él se detuvo con el rostro
ensombrecido. Se volvió hacia el
volante y puso el coche en marcha. La
observó de soslayo, preocupado,
mientras volvían a salir a la carretera,
pero para su alivio al cabo de unos
minutos pareció empezar a calmarse.
Durante el resto del trayecto, sólo la
suave música de la radio rompió el
silencio.
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CHAN! no se esperaban eso verdad?
Comenten muchooo!
Y voten! Baila PyP al 13013
Gracias!! @letipauliter
Buenísimos los 2 caps Leti. Espero ahora que la empiece a tratar mejor pedro a Pau.
ResponderBorrarMe encanto!!! Sufro cuando pepe la trata mal, pobre pau! :/
ResponderBorrar@pepepauoli
wow buenísimo, me encantó! !!
ResponderBorrarVa a tener que aprender a ganarse su confianza...mimiroxb
ResponderBorrarBuenísimos caps! Me sorprendió lo d Pau, espero q Pepe ahora la trate mejor. espero los prox caps! Bsoo @GraciasxTodoPYP
ResponderBorrarBuenisimos los caps!!! Ahora quiza, pedro cambie de opinion respecto a pau!!!
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