domingo, 16 de noviembre de 2014

Capitulo 43: "Que quieres de Mi?"

—Pedro... —murmuró contra
su garganta, empapada por el sudor
—. Pedro...

—La próxima vez... —le prometió él
al oído— no me detendré.
Llegaremos hasta el final.

—Pero, ¿por qué? —gimió ella
confundida—. No quería que
pararas.

Él se rió suavemente.
—Lo sé, pero no quiero ni pensar en
qué diría la señora Peake si entrara y
me encontrara aquí contigo, dando
rienda suelta a mis instintos.

—¿La señora Peake? —repitió Paula,
que en ese momento se había
olvidado del resto del mundo.

—Le he pedido que te suba unas
fresas con nata, ¿recuerdas? —le dijo
él incorporándose y abrochándose la
camisa.

Paula emitió un gemido ahogado.

— ¡Oh, lo olvidé! —murmuró
incorporándose también en la cama,
como un resorte.

Los ojos de Pedro descendieron al
pecho de la joven, y ella se sonrojó
como una adolescente,
apresurándose a taparse.
—No seas tímida conmigo, Paula —la
reprendió él suavemente—. Eres
preciosa.

Ella sonrió como una boba y se
sonrojó aún más.
—Pedro... —le dijo al cabo de un
rato, alzando la mirada hacia él
—. ¿Por qué?

—¿Por qué, qué? —murmuró él.

—¿Por qué has hecho esto? —dijo
ella—. ¿Qué quieres de mí?

—Todo —le respondió él
quedamente.

Paula escudriñó sus ojos verdes
confundida.
—¿Por cuánto tiempo?

Pedro se encogió de hombros.
—¿Quién sabe?

—¿Y qué hay de lo que «yo» quiero?

No le estaba ofreciendo un
compromiso; sólo estaba dándole a
entender que quería algo físico con
ella, quizá de unas cuantas noches,
pero sin ningún tipo de ataduras.

—Sé lo que tú quieres —le dijo él
con una sonrisa malévola—: me
quieres a mí.

Paula, sin embargo, siguió muy seria.
—¿Y a ti... te bastaría el deseo? —le
preguntó desafiante.

Pedro le dirigió una extraña mirada.
— Supongo que tendrá que
bastarme —le respondió enigmático,
pasándose una mano por el cabello.

En ese momento entró la señora
Peake, con una bandeja cargada con
té frío y el cuenco de fresas con nata
que Pedro le había prometido.

—Bueno, señora Peake, la dejo en
sus manos— le dijo él a la mujer—.
Asegúrese de que se lo come todo.
Yo tengo asuntos que atender.

Paula le sonrió cuando se paró en la
puerta para despedirse con un gesto
de la mano.
—Gracias por la terapia —le dijo con
picardía.

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