domingo, 16 de noviembre de 2014

Epilogo Ultima Parte

Me desperté porque sentía un dolor
terrible, mire el reloj y eran las tres
de la mañana, Pedro estaba
durmiendo tranquilamente hasta que
empecé a llamarlo.

-Pedro! despierta- le dije, mejor
dicho le grite mientras movía su
brazo-

- ¿Qué pasa cariño?- dijo con la voz
adormilada y los ojos cerrados-

- Pedro, las bebés…-

- Las bebés ¿Qué?- pregunto ahora si
despertando-

- Ya van a nacer, llévame al
hospital ahora!- dije desesperada-

Pedro se levanto enseguida y fue por
la maletita donde habíamos puesto la
ropa para cuando nacieran las
bebés.

Íbamos en camino al hospital pero el
dolor se estaba volviendo
insoportable, sentía que iba a
morir…jamás me magine que se
fuera a sentir así.

Pedro le hablo a Ana quien dijo que
llegaría lo mas pronto posible.

En cuanto entramos al hospital me
llevaron a una habitación en silla de
ruedas, lo único que quería en ese
momento era tener a mis hijas y
terminar con el terrible dolor que
sentía.

-Pedro…me voy a desmayar- dije
llorando de desesperación y
apretando su mano-

- No cariño, no te vas a desmayar…
tranquila mi Amor-

- ¿Lista Pau? Ya vamos a la sala de
parto- entro diciendo el doctor-

- No, no estoy lista!-

- Si lo estas cariño-

- Cállate Pedro, tu no eres el que
sufre!-

Entramos a la sala de parto y el
miedo y los nervios me invadieron
por completo, lo único que me hacia
sentir mejor era tener a Pedro a mi
lado.

-Sigue pujando Pau, ya falta poco-
dijo el doctor-

- No puedo…-

- Claro que puedes cariño- me gire a
ver a Pedro  cuando dijo eso-

- Te odio Pedro! todo esto es tu
culpa- no dejaba de apretar su
mano, estoy segura de que le duele
pero no esta en condiciones de
quejarse cuando yo soy la que esta
teniendo no solo uno sino dos bebés,
besaba mi frente de vez en cuando
para “apoyarme”-

- No decías eso mientras….- no lo
dejo terminar-

- Ya cállate!-

- Vamos Pau solo un poco mas-

Por fin escuche un chillido y luego
otro, fue cuando supe que mis
hermosas bebés habían nacido.

Una de las enfermeras se acercó a
Pedro y le entrego a una de las bebés
y otra de las enfermeras fue hacia
donde yo estaba y me entrego a la
otra bebé.

-Son hermosas- dijo Pedro y luego
beso mis labios-

Una vez que estábamos de nuevo en
la habitación del hospital
empezamos a hablar sobre los
nombres que habíamos pensado.

-¿Cómo se van a llamar?-

- ¿Qué te parece Ashley?- me dijo
viendo a la bebé que tenia en sus
brazos-

- Si, me gusta ese nombre ¿y la
otra?-

- No se, tu elije-

- ¿Madisson?-

- Perfecto, entonces tu serás
Madisson- dijo tocando la nariz de la
bebé que yo estaba cargando- y tu
Ashley- y acaricio su manita-

- Te ves tierno con ella-

- Soy feliz ¿sabes?-

- Ah si ¿Por qué?- pregunte aunque
sabía perfectamente el motivo-

- Porque estoy con mis tres
princesas-

Ana,junto con Luciana y Lucas su
hijo llegaron como media hora
después, entraron a verme y
estuvieron una rato con las bebés,
Ana estaba emocionada y no dejaba
de decirnos lo feliz que estaba de
poder tener otras nietas y de vernos
juntos, dice que formamos una
hermosa pareja y que nuestra familia
va a ser perfecta.

3 años después

-Ashley apúrate que van a llegar
tarde! Pedro!-

- Mami ¿Ya nos podemos ir?- me
pregunto mi pequeña Madisson-

- No linda, tenemos que esperar a tu
hermanita y a tu papi-

- Pero mami…-

- Ven aquí linda- dije tomándola en
mis brazos- Pedro!- grite
nuevamente-

- Aquí estamos- dijo bajando con
Ashley-

- Mami!-

- Ven mi amor- Ashley se acercó a
mi y se aferro a mi pierna- Pedro,
solo te pedí que terminaras de
vestirla mientras yo hacia su
desayuno-

- Lo siento cariño pero no soy
experto en esto-

- Tres años y todavía no te
acostumbras?!-

- No te enojes mi amor- dijo
besándome, yo solo sonreí-

- Ya, solo llévalas a la escuela-
Me despedí de Ashley y Madisson,
luego fui a mi cuarto a terminar de
arreglarme ya que iba a salir con
Pedro , hoy era su día libre y lo
queríamos aprovechar.

-¿Lista cariño?- me abrazó por atrás
lo cual ocasiono que me espantara-

- Pedro! me espantaste-

- Lo siento, te vez hermosa ¿sabias?-

- Me lo dices todos los días Pepe-

- Y te ves aun mejor así- dijo
acariciando mi vientre-

- No puedes esperar a que nazca
¿cierto?-

- No, ya quiero tener a mi hijo entre
mis brazos-

- Yo también-

- Quien lo diría, tu y yo formando
una hermosa familia después de
habernos odiado, de haber sido
enemigos- dijo besando mi cuello-

- Pero siempre fuiste mi adorable
enemigo -

Final...

____________________

Ahoraaa siii! Finaaal finaal!
Muchas gracias x leer y por el aguante!!
Comenten si les gusto!!
Besoos! Soy @letipauliter

Epilogo parte 2

Pedro y yo nos empezamos a besar
de una forma apasionada y
desesperada a la vez, esta vez sabia
que nada ni nadie nos interrumpiría
por fin estaría con el de la forma
en la que tantas veces pensé y desee.

Poco a poco nos fuimos acercando
mas a la cama hasta que Pedro me
dejo caer lenta y delicadamente.

-Esta vez no me pienso detener
Amor, lo prometo-

- Mas te vale Pedro ya me haz hecho
esperar demasiado- el se rio y luego
siguió besándome como solo el sabe
hacerlo-

- Pues su tiempo de espera termino
señora Alfonso- no pude evitar sonreír
al escuchar eso “señora Alfonso” ahora
estoy casada con Pedro lo que
significa que nadie nos podrá separar
de ahora en adelante-

- Señor Alfonso, mejor cállate y
bésame-

- Lo que ordenes linda-

Pedro empezó a acariciar mi piernas
pero sin prisa, aunque como el dijo
el otro día, tendríamos toda la vida
para hacer el amor.

Empecé a recorrer su cuerpo con mi
manos a lo cual el solo sonreía
pícaramente.
En poco minutos nuestra ropa
desapareció por completo y quedo
esparcida por toda la habitación del
hotel.

Pedro se acomodó encima de mi,
beso mis labios dulcemente y luego
me miro a los ojos directamente
para después penetrarme de una vez
por todas, había perdido
el miedo completamente y todos los
recuerdos de lo que viví a los 14
años desaparecieron, en ese
momento no podía pensar en nadie
mas que no fuera Pedro y en el
placer que me estaba dando,
pequeños gemido se escapaban de
mi boca y de la de mi marido, lo único
que se escuchaba en la habitación
eran gemido y jadeos de parte de
ambos y los “te amo” que me decía.

Lo amaba jamás dejaría de hacerlo, a
pesar de que el me molestaba yo lo
seguía amando y ese amor que
siento por el jamás se terminara.

Una vez que terminamos de hacer el
amor, Pedro me atrajo hacia el e
hizo que recargara mi cabeza en su
pecho, me sentía tan bien estando
así.

2 años después……

-Pedro, tengo que decirte algo- dije
emocionada-

- ¿Qué pasa Cariño?-

- Estoy embarazada!- dije dando
saltitos y es que
habíamos intentado tener un bebé
pero nunca paso, hasta ahora, Pedro
sonrío de oreja a oreja y me empezó
a dar vueltas en el aire mientras yo
me reía-

- Te amo, te amo, te amo, me haces
el hombre más feliz del mundo, te
amo- me dijo besándome entre cada
“te amo”-

- Y yo a ti - ahora fui yo quien
lo besó-

- ¿Puedes creerlo? Por fin vamos a
ser papás!-

- Lo se Amor, vamos a tener un
bebé-

- Ya quiero contárselo a mi mamá, a
Luciana, a…-

- A todos Pepe! Por fin formaremos
una familia como siempre quisimos-

- Ven mi amor- dijo besándome y
luego cargándome-

Pedro no pudo esperar mas y ese
mismo día fuimos al rancho a ver a
Ana, en cuanto le dijimos que iba a
ser abuela grito de emoción y nos
abrazó tiernamente, nuestro bebé va
a ser su segundo nieto ya que
Luciana y Lucas nos ganaron, ellos
tienen un hermoso niño de tan solo
un año el cual se parece mucho a
su papá pero tiene los mismos ojos de
Lu.

Los meses pasaron rápidamente y
cada día se me notaba la panza de
embarazada, Pedro se la pasaba
diciendo que me veía hermosa lo
cual me hacia sentir mejor.

-Cariño ¿Qué te parece si
empezamos a decorar el cuarto de
las bebés?- iba a tener gemelas,
estaba aun mas feliz ya que desde
pequeña quise tenerlas y ahora es
realidad y lo mejor es que es con
Pedro-

- Si, tengo muchas ideas-

- ¿Cuáles?- pregunto abrazándome-

- Podemos pintar el cuarto de rosa
pastel con florecitas de colores o de
blanco con mariposas rosadas y
naranjas- dije emocionada-

- ¿De donde sacaste esas ideas Pau?-

- Lo vi en revistas, ah y también
había una en la que la pared estaba
pintada de blanco y tenia dibujado
un árbol bueno como ramas y una
flores…-

- ¿Un árbol?- pregunto mirando
extraño-

- Si Pepe un árbol-

- ¿Cómo se ve eso?-

- Hermoso, perfecto para nuestras
bebés-

Y así estuvimos un rato
decidiendo como íbamos a decorar
el cuarto de nuestras hijas, los dos
estábamos emocionados y era lógico
somos nuevos en esto y la felicidad
que sentimos en este momento nadie
no las puede quitar.

Epilogo parte 1

Al final ella termino arrepintiéndose
de casarnos el mismo día que Lucas y
Luciana, quiere que sea algo
especial, solo para nosotros así que
será como Paula quiera.
………………………………………………………………………………

-Aun no puedo creer que estés
casada Lucina-

- Y yo aun no puedo creer que te vas
a casar con mi hermano-

- Pues créelo, Pedro y yo nos vamos
a casar hoy mismo-

- Lo se y me alegro por ti, siempre
te dije que el sentía algo hacia ti y
no me equivoque, lo que no
entiendo es porque nunca me dijiste
que Pedro te gustaba-

- Era vergonzoso decir que estas
enamorada del hermano de tu mejor
amiga el cual te trata de la peor
forma posible, te insulta  te hace
sentir miserable y como una basura-

- Paula ya deja de decir eso, pensé
que ya lo habías perdonado-

- Ya lo perdone solo estoy
respondiendo a tu pregunta-

- Bueno entonces dejemos ese tema,
tenemos que apurarnos todavía te
tienen que peinar y maquillar para
que quedes aun mas hermosa-

Los nervios empezaron a invadirme
mientras terminaban de
maquillarme, sabía que faltaban
menos de dos horas para
encontrarme en el altar con Pedro y
por fin poder estar juntos pero me
da miedo tan solo pensar que el se
llegue a arrepentir y me deje ahí
plantada aunque dudo que pase dijo
que me ama y que no podría vivir
sin mi, me ama no me dejaría ahí
sola….

Fui caminando tomada del brazo de
Lucas y una vez que llegue ahí no
pude evitar sonreír al ver a Pedro, se
veía aun mas guapo que de
costumbre y la forma en la que me
miraba hacia que mi corazón latiera
a mil por hora.

-Te ves hermosa Cariño- dijo en un
susurro mientras el padre empezaba
a hablar-

- Y te vez muy guapo-

**********************************

-Los declaro marido y mujer, puede
besar a la novia-

Pedro me beso de una manera
completamente distinta a las otras,
era nuestro primer beso de
casados…todos empezaron a aplaudir
y nosotros solo nos miramos, el me
dedico una hermosa sonrisa que
reflejaba la felicidad que sentía en
este momento.

Una vez que la ceremonia término
nos fuimos directo a la nuestra
pequeña fiesta ya que decidimos
hacerla solo con nuestros amigos
mas cercanos y los familiares de
Pedro, mi tía no quiso ir y la verdad
no me importa, por suerte de ahora
en adelante no tendré que verla ni
estar soportándola todos los días.

Lo que estaba esperando era el
momento en el que Pedro y yo nos
fuéramos y así poder estar a solas
con el…

-Cariño, Pedro y tu ya se van, sus
maletas están listas-

- Gracias Ana-

- No tienes nada que agradecer
linda, ahora eres oficialmente parte
de la familia-

- En verdad te agradezco todo lo que
has hecho por mi Ana, no se que
hubiera hecho sin ustedes-

- No pienses en eso Pau ahora solo
concéntrate en Pedro y tu, en su
noche de bodas y su luna de miel-

Ana me miro de una forma
divertida y yo simplemente me reí
aunque se que al mismo tiempo me
había sonrojado-

- Ya nos vamos mi amor- llego Pedro
rodeándome con sus brazos-

- Adiós Ana, me despides de
Luciana, es que no la encontré por
aquí-

- Claro linda, de seguro esta con
Lucas-

- No lo dudo- contesto Pedro, me
sorprendió que se haya
acostumbrado a ver a Luciana con
Lucas juntos tan rápido- Adiós
mamá-

- Adiós bebé- escuchar a Ana
llamarle así a Pedro y ver su
reacción ocasiono que me riera-

- Mamá! No soy un bebé-

- Lo se hijo pero para mi siempre
lo serás, ahora ya no les quito mas
tiempo, diviértanse- dijo
guiñándonos el ojo y ambos sabemos
perfectamente a lo que se refería-

- No te preocupes por eso mamá,
claro que nos divertiremos-

- Pedro!- dije reclamando y Ana
simplemente se río-

Narra Pedro FINAL


Una vez que regresamos fue muy
raro tener que explicarles a Luciana y a mi madre todo lo que paso entre Paula y yo, ellas se negaban a creer que nos íbamos a casar después de habernos “odiado” por años y menos
por la forma en la que trate a Paula, aun sigo sintiéndome culpable de cierta forma y es que el simple hecho de imaginarla llorar por mi culpa, por todo lo que le dije e hice me hace sentir mal, pero como ella me dice “eso quedo en el pasado, lo importante es que me amas al igual que yo a ti” ahora me siento mas feliz que nunca y es que sinceramente pensé que lo nuestro iba a ser imposible y ahora me doy cuenta de que no, que a pesar de todo lo que hemos vivido por fin seremos felices para siempre, juntos
como siempre soñé.

· ~ Fin· ~

FINAL DE ESTA HISTORIA!
MAÑANA EPILOGO QUE SON 3 PARTES!
COMENTEN MUCHOO!
Soy @letipauliter

Capitulo 47: "Te amo"

—Tengo que irme —murmuró.

—No puedes irte, tu hogar está
donde yo esté, ¿es que aún no te das
cuenta, Paula?—le dijo Pedro—.
Cuando nos conocimos tú tenías sólo
quince años, y me sentí tan atraído
por ti... Pero también me sentí ruin
por desearte, y desgraciado porque
eras demasiado joven para la clase
de relación que yo necesitaba.
Luego, para cuando cumpliste los
diecisiete, y yo te veía cada día más
hermosa, mi vida se convirtió en un
auténtico tormento. Aquella noche,
durante la tormenta, cuando te vi allí
tendida, con ese camisón
semitransparente... Dios, te deseaba
como un muchacho, pero tuve que
obligarme a salir de la habitación,
porque eras demasiado joven, e
inocente, y tenía miedo de dejarme
llevar. Te deseaba tanto que creía
que iba a volverme loco. Por eso
tenía que hacerte creer que te
odiaba, porque era el único modo de
protegerte de mí. Si te hubiera
besado aquella noche, no sé lo que
habría podido pasar —le confesó.
Paula lo miraba asombrada, sin poder
dar crédito a lo que estaba
escuchando—. Después, en la
Semana Santa de este año, cuando
empezaste a coquetear conmigo, a
insinuarte... sólo me faltó abandonar
el país. Lo que hice aquel día en el
establo... tenía que hacerlo, ¿lo
comprendes? Tenía que lograr que
me detestaras, porque si no, habría
perdido la cabeza por completo. Y
luego Billingsly... llenándome la
cabeza de mentiras... tenía tantos
celos de él, que lo habría matado.

Paula sintió que el corazón iba a
estallarle de dicha, pero no se
atrevía aún a creer...

—Pedro, tú... ¿sientes algo por
mí? —le preguntó tímidamente.

—¿Que si siento algo por ti? —él
cerró los ojos y volvió a abrirlos.
Tomó el rostro de la joven entre sus
manos y lo acarició—. Te amo, Paula,
te amo tanto que siento que si no te
tengo a mi lado me moriré. No
quiero que te alejes de mí, quiero
compartir mi vida contigo, pasar
contigo los buenos momentos y los
malos... tú lo eres todo para mí,
Pau, ¿no lo sabías?

Las lágrimas manaban ya libremente
de los ojos de Paula, y no podía
detenerlas. Con dedos temblorosos
acarició el rostro de Pedro,
mirándolo con adoración.

Pedro contuvo el aliento ante las
emociones que podía leer en las
facciones de ella, y cerró los ojos un
instante.

—Dios, he estado ciego todo este
tiempo, ¿no es verdad? —le preguntó
con voz ronca—. Estás enamorada de
mí...

Ella asintió con la cabeza y sonrió
entre las incesantes lágrimas.
—No puedo recordar un solo
momento desde que te conozco en el
que haya dejado de amarte —le dijo
con voz entrecortada—, pero yo
creía que tú sólo querías tener un
romance conmigo.

—Y lo quiero —la picó él, burlón,
devorándola con los ojos—, un
romance de sesenta años, con hijos e
hijas, y tú cada noche en mi cama,
incluso en las noches en que estemos
demasiado cansados para hacer el
amor.

_____ dejó escapar un suspiro de
felicidad, y lo besó, hundiendo a
continuación de nuevo el rostro en
su garganta.

—Yo también te amo, Pedro, y te
deseo, pero no quiero que nuestros
hijos sean ilegítimos...

Pedro se rió suavemente.
—Entonces deberíamos casarnos
antes de discutir cuántos tendremos.

— ¿Has dicho casarnos? —le
preguntó Paula, echándose hacia
atrás, con los ojos muy abiertos.

Pedro asintió con la cabeza, y ella
esbozó una sonrisa picara—. ¿El
señor “libre-como-el-viento”?,
¿Dispuesto a contraer matrimonio?

—¿Y qué me dices de ti? —bromeó
él a su vez—. Creo recordar no sé
qué que me dijiste sobre que no
podrías pasar noventa y nueve años
conmigo.

—¿Eso fue... antes o después de que
me echarás de Gray Stag?

—Creía que te importaba menos que
tu carrera de modelo, y que no
querías un futuro a mi lado —le
confesó él—. Estaba destrozado.

—Tú eres lo único que quiero —le
dijo ella con voz queda—, tú y los
hijos que Dios quiera darnos.

El corazón de Pedro se saltó un
latido.
—¿Y qué me dices de tus clases? ¿No
pensarás dejarlas? No quiero que las
dejes por mí.

—Bueno, hay una universidad en
Calgary —repuso ella con una
sonrisa.

—En ese caso será mejor que vayas a
matricularte antes de que nos
casemos.

—¿Tan pronto quieres casarte? —
inquirió ella, mirándolo a los ojos.

—Lo antes posible —le dijo
besándola.

Paula respondió con auténtica
pasión, y pronto estuvieron perdidos
el uno en el otro. De hecho, pasaron
varios minutos antes de que Pedro
despegara sus labios de los de ella, y
observó sus mejillas sonrosadas y
sus ojos brillantes mientras trataba
de recobrar el aliento.

— Será mejor que volvamos al
rancho antes de que nos arresten —
le dijo—. Me haces perder la cabeza.

Paula acarició amorosamente los
finos labios masculinos con sus
dedos.
—A mí me pasa lo mismo.

Pedro besó la mano de la joven, y
dejó que volviera a su asiento,
introduciendo después la llave en el
contacto.
—Me parece que vamos a tener que
dar muchas explicaciones cuando
lleguemos—le dijo.

Paula se rió.
—Luciana no se lo va a creer.
Después de habernos pasado todos
estos años como el perro y el gato...

—Podríamos casarnos el mismo día
que Luciana y Lucas y celebrar así
una boda doble —propuso Pedro.

Los ojos de Paula se iluminaron.
—Oh, Pedro, ¿podríamos?

Pedro volvió a tomar su mano y la
besó.
— Bueno, primero habrá que
consultarlo con ellos —le dijo
—. Vamos a casa.

Abandonaron el aeropuerto, y
cuando hubieron salido a la
carretera, Paula observó con cariño
las Montañas Rocosas a lo lejos.

Miró a Pedro y se sonrieron. Tenía
razón, su hogar estaba donde él
estuviera. Apoyó la cabeza en su
hombro con un suspiro dichoso y
cerró los ojos.

Capitulo 46: "Nos destroces la vida"

Había pensado pedírselo prestado a
Luciana, pero él ni siquiera la había
dejado despedirse.

Pedro dio una calada al cigarrillo,
mirándola con los ojos entornados.
—Por supuesto... —la remedó,
riéndose entre dientes. Siempre era
capaz de leer en ella, como en un
libro abierto. Sacó unos cuantos
billetes grandes de su cartera y se
los tendió—. Ya me lo devolverás
cuando empieces a trabajar de
nuevo.

Paula no pudo rechazarlos. Lo único
que tenía en el bolso eran ochenta
dólares. El resto lo había gastado en
la factura del hospital y comida. Sin
embargo, suponía un golpe durísimo
para su orgullo tener que aceptar
caridad de él, y una lágrima de rabia
e impotencia se deslizó por su
mejilla. Volvió otra vez el rostro
hacia la ventanilla para que no la
viera.

—Gracias —murmuró, recobrando la
compostura.

Pedro dio otra calada al cigarrillo.
—¿Te sientes en condiciones para
volver a trabajar? —le preguntó.

—Creo que sí —contestó ella—, y de
todos modos no tengo más remedio
que hacerlo si quiero volver a la
universidad el próximo semestre. Al
menos podré hacer algún trabajo. De
lejos y con maquillaje la cicatriz de
la mejilla no se verá.

Pedro resopló y giró el rostro
también hacia su ventanilla. Se veía
molesto luego se paso una mano por
el cabello.
—Esto ha sido idea tuya, no mía —le
espetó acusador, mirándola con sus
fieros ojos mieles.

Paula parpadeó.
—¿El qué?

—Volverte a Nueva York —gruñó él
—, a tu maravillosa carrera de
modelo —añadió sarcástico—. Es lo
único que te importa, ¿no es así?

Ella se mordió el labio inferior.
Todavía estaba a tiempo de cambiar
de opinión, de aceptar lo que le
proponía aunque no fuese lo que ella
quería, pero no podía, no podía
sacrificar su orgullo, su amor
propio... por unas cuantas noches
con él.

Miró por la ventanilla, observando
con odio los aviones que
despegaban. Uno de esos aviones la
alejaría de él para siempre. De
pronto notó que los dedos de Pedro
acariciaban su cabello, y se volvió,
mirándolo a los ojos desesperada. El
instante durante el que
permanecieron así, mirándose el uno
al otro pareció eterno.

—Ven aquí y bésame —le dijo Pedro
con voz ronca, atrayéndola hacia sí.

Dejando escapar un sollozo, Paula
dejó que la abrazara, y Pedro apagó
el cigarrillo antes de inclinar la
cabeza y posar sus labios sobre los
de ella.

Al cabo de unos segundos, la
respiración de Paula se tornó
entrecortada, y le devolvió el beso
con ternura, mientras trazaba con
dedos temblorosos las duras
facciones masculinas.

—Bésame de verdad, Paula—le
susurró Pedro.

—No puedo —gimió ella, ocultando
el rostro en el hueco de su cuello—.
Oh, Pedro, ¡no puedo!

Había angustia en su voz, y los
brazos del chico la atrajeron más
hacia sí, apretándola contra su
cuerpo.

—Dime la verdad, ¿quieres marcharte? —le
preguntó muy serio.

—Tengo que hacerlo —respondió ella
con voz ahogada, contra el cuello de
su camisa.

—¿Por qué?

—Tú sabes por qué —le dijo Paula,
cerrando los ojos.

Era maravilloso estar así, entre sus
brazos, tan cerca de él, sintiendo su
aliento, los latidos de su corazón...

—Creía saberlo —asintió él—, pero
me parece que tú tienes tan pocos
deseos de salir del coche como yo
de que te vayas. No es por ese
condenado contable, nunca ha sido
por él, ni por tu trabajo como
modelo, ¿verdad? —le dijo,
haciéndola que levantase el rostro
para mirarla a los ojos—. Creo que
deberías decirme la verdad... antes
de que nos destroces la vida a los
dos.

El corazón le dio un vuelco a Paula.
—¿A los dos? —repitió en un hilo de
voz incrédula, y al mismo tiempo
advirtiendo una nota nueva en la voz
de Pedro, como un sí...

Él la besó de nuevo,
desesperadamente, y Paula cerró los
ojos, dejando escapar un suave
gemido. Acabaría cediendo, a pesar
de todo, y él acabaría odiándola
algún día por haberlo hecho. Las
lágrimas se agolparon en sus ojos.

Capitulo 45: "Sin Despedidas"

— ¿Qué?

Había una verdadera tormenta en los
ojos de Pedro, y estaba lívido
de rabia, aunque Paula no alcanzaba
a comprender por qué.

— Ya me has oído —masculló —.
¡Haz ahora mismo la maleta!

Se giró sobre los talones, bajó los
escalones de la entrada y se alejó
hacia los establos como un gigante
furioso.

Las lágrimas rodaban por las mejillas
de Paula. ¡Estaba echándola! ¿Tanto
la odiaba que no podía soportar su
presencia ni un segundo más? ¿O era
sólo una venganza por que había
herido su ego masculino al negarse a
ser su amante?

Subió las escaleras de la entrada
temblorosa, y después fue al piso de
arriba, a su dormitorio a hacer la
maleta, preguntándose cómo iba a
explicarles su partida a Ana y a
Luciana. Contrajo el rostro irritada.
Debería ser Pedro quien lo hiciese.
¡Bestia arrogante!

Sólo le llevó unos minutos guardar
sus cosas en la maleta, y tras
cerrarla, salió de la habitación y
cerró despacio tras de sí. Tenía que
procurar actuar como si no hubiera
pasado nada, se dijo, no podía
dejarle entrever lo destrozada que
estaba.

Bajó las escaleras, y se encontró a
Pedro hablando con Luciana frente a
la puerta de entrada. El chico alzó la
vista hacia ella al verla aparecer,
vestida con un traje pantalón de lino
blanco y la camisola de tirantes que
se había puesto el día que la llevara
a Banff. Un destello extraño pasó
por sus ojos, pero su rostro
no dejó traslucir ningún sentimiento.

—Le estaba diciendo a Luciana lo de
ese trabajo que te ha salido de
repente —le dijo, mirándola
fijamente, como desafiándola a negar
su mentira.

Paula se aclaró la garganta y decidió
que lo mejor sería seguirle el juego.
—Oh, sí, estoy tan
entusiasmada... —le dijo a su amiga,
forzando una sonrisa radiante
—. ¡Imagínate, dos anuncios para
una firma de cosméticos...!

Pedro pareció incomodarse, y
Luciana entornó los ojos suspicaz.
—Pensé que era un desfile en
Miami —le dijo, lanzando una mirada
a su hermano con el ceño fruncido.

Paula se pasó la maleta de una mano
a otra.
—Um, sí, bueno, es un desfile y dos
anuncios en Miami —murmuró.

— ¿Qué... está pasando aquí? —
inquirió Luciana, mirando a uno y a
otro.

Pedro agarró a Paula del brazo.
— Será mejor que nos vayamos o
perderás el avión —gruñó
arrastrándola fuera—. Luciana,
volveré dentro de un par de horas —
le dijo a su hermana, cerrando la
puerta tras ellos antes de que
pudiera hacerle más preguntas.

—Podrías haber dejado al menos que
me despidiera de ella y de tu
madre —protestó Paula enfadada,
mientras la hacía entrar en el coche.

—Diles adiós con la mano —masculló
él.

Se sentó al volante, puso en marcha
el motor, y a Paula apenas le dio
tiempo a agitar la mano a las dos
mujeres, que habían salido al
porsche y se habían quedado allí de
pie, aturdidas, viendo cómo el auto
se alejaba hacia Calgary.

Paula observó el serio perfil de
Pronto. De pronto estaba dándose
cuenta de las implicaciones que
tendría el haberlo rechazado: no
volvería a verlo... jamás. Las
lágrimas empezaron a agolparse en
sus grandes ojos castaños, y tuvo
que girar el rostro hacia la ventanilla
para que él no lo advirtiera. Tenía
que ser fuerte. Había sobrevivido
sola en el mundo mucho tiempo, y
no tendría más remedio que volver a
hacerlo. Sin embargo, ¡qué duro
resultaba tras haber rozado el cielo
con las puntas de los dedos, tras
haber probado sus caricias y sus
besos...! El pensamiento de los
solitarios años que la esperaban hizo
que sintiera una fuerte punzada en el
pecho que la dejó por un instante
casi sin respiración.

Pedro puso la radio, y un murmullo
de música y noticias invadieron el
espacio cerrado mientras el Porsche
devoraba los kilómetros. Paula
observó que iba incluso a más
velocidad de lo habitual, como si
estuviera ansioso por librarse de ella.

Unos minutos más tarde llegaban al
aeropuerto. Pedro estacionó el
vehículo en el aparcamiento y apagó
el motor, y con él se calló la radio,
dejando un silencio tenso entre ellos.

Durante unos segundos se quedó con
las manos asiendo con fuerza el
volante, para luego soltarlo y
recostarse en el asiento mientras
encendía un cigarrillo.

—¿Tenías que ponerte precisamente
esa camisa de tirantes? —le preguntó
en un tono frío.

Paula evitó su penetrante mirada.
—Era la única limpia que me
quedaba —respondió quedamente—.
Las otras pensaba lavarlas esta tarde.

—¿Te alcanza el dinero?

Paula tragó saliva.
— Por supuesto que me alcanza —
mintió.