viernes, 14 de noviembre de 2014

Capitulo 34: "Confeción"

Pedro la llevó pataleando al estudio y
cerró la puerta de una patada. La
arrojó sobre el sofá de cuero, y se
colocó encima de ella con la
respiración agitada y el rostro tenso
por la ira apenas contenida.

—Vamos, pelea, resístete —masculló,
sofocando con facilidad sus
esfuerzos por apartarlo, mientras sus
labios descendían sobre los suyos—

Paula sintió cómo las manos
masculinas recorrían con rudeza su
cuerpo, sin preocuparle el estar
haciéndole daño, mientras ella seguía
luchando en vano por liberarse. Lo
amaba, pero lo que le estaba
haciendo era monstruoso, y su
mente volvió a aquella noche, años
atrás, haciéndole revivir el manoseo
de aquel bestia borracho, y sus
besos babeantes. Chilló, pero Pedro
parecía no oírla. Le sacó la blusa a
tirones de la cinturilla de la falda, e
introdujo las manos por debajo,
apartando el sostén para recorrer
con sus dedos sin ninguna delicadeza
su piel desnuda y sus senos. Paula se
revolvió con todas sus fuerzas, con
una furia ciega, sollozando, gritando,
con el rostro contraído en una
mueca de verdadero pánico.

Pedro se apartó, agarrándola por las
muñecas, y sus ojos, nublados por el
deseo, observaron confundidos el
cuerpo de la joven, retorciéndose
debajo del suyo, su rostro lívido y
los ojos desorbitados y llenos de
miedo.

Él se quedó paralizado, jadeante, con
la mirada fija en los suaves
montículos de sus senos. A Paula le
pareció ver que las facciones de
Pedro se suavizaban, y que la presión
de aquellos dedos en torno a sus
muñecas se relajaba ligeramente.

—Por favor —le rogó en un hilo de
voz—. Por favor, Pedro, no me hagas
daño... La voz angustiada de Paula
pareció accionar un interruptor en
su interior.

—¿Paula? —murmuró, recobrando la
cordura, y dándose cuenta al fin de
lo aterrorizada que estaba.

La soltó de inmediato y se quitó de
encima de ella, observando como se
cerraba la blusa con manos
temblorosas y se acurrucaba en un
rincón del sofá, prorrumpiendo en
desgarrados sollozos entrecortados.

— No iba a forzarte —murmuró
Pedro con un nudo en la garganta—.
Por favor, Paula, no llores. ¿Por qué
reaccionas de este modo? Yo nunca
te haría daño.

Un silencio cayo entre los dos hasta que ella tomó la palabra.

—Yo tenía catorce años —dijo de
pronto con voz entrecortada
—, y mi tía estaba saliendo con un
decorador. Las veces que había ido a
cenar me pareció que me miraba de
un modo lascivo, pero siempre traté
de ignorarlo. Una noche tuvieron
una discusión terrible y ella... ella
salió del apartamento hecha una
furia. Aquel hombre había estado
bebiendo mucho, y pensé que estaría
más segura en mi dormitorio, pero
no pude llegar —dejó escapar una
risa nerviosa—. Me agarró antes de
que llegara a la puerta, me arrastró
hasta el sofá del salón y empezó a
arrancarme la ropa —cerró los ojos
y se estremeció—. Parecía un animal
salvaje. Me hacía daño... sus... sus
manos me toqueteaban por todas
partes, y esos repugnantes besos
babeantes... Justo cuando estaba a
punto de forzarme se oyó la
puerta —Paula ni siquiera era capaz
de mirar a Pedro, y verdaderamente
le habría sobrevenido una revelación
si lo hubiera hecho, porque su
rostro estaba horriblemente
desencajado. Tragó saliva para poder
continuar—. Me advirtió que no me
atreviese a contárselo a mi tía o me
arrepentiría, y en cuanto me soltó
corrí a refugiarme en mi habitación.
A la mañana siguiente, ella ni
siquiera me preguntó por los
cardenales que tenía en los brazos —
añadió con una sonrisa amarga
—. Nunca me he acostado con
Bruce, ni con ningún otro hombre.
La sola idea me... me aterra. Contigo
pensé... pensé que con el tiempo
sería capaz de aceptar algo más que
besos... pero ya no... —murmuró
—, ya no. --Se puso de pie y se
dirigió hacia la puerta.

—Por eso reaccionaste de aquel
modo en el coche, cuando volvíamos
de Banff...—farfulló Pedro, que
estaba empezando a atar cabos. Paula
se detuvo con la mano en el
picaporte, pero no se volvió a
mirarlo.

—Me iré con Bruce —le dijo con el
poco orgullo que le quedaba—, y si
quieres que me mantenga alejada de
Luciana, lo haré.

Pedro se acercó a ella, pero la joven
había abierto la puerta y se apartó
de él.
—Paula, por favor, yo jamás te haría
daño... —le dijo.

—Me prometiste eso no hace mucho
—le recordó ella—, y no lo has
cumplido. Te ruego que no vuelvas a
tocarme. No creo que pudiera
soportarlo. ¡Lo único que quiero es
alejarme de ti!

Se dio la vuelta sin reparar en la
expresión desesperada en el rostro
de Pedro, corrió escaleras arriba y se
encerró en su habitación. No salió
de allí hasta que la voz preocupaba
de Luciana la llamó, golpeando
suavemente en la puerta. La abrió, y
se echó en sus brazos abiertos,
llorando desconsolada.

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No me odien.
Comenten muchoooo¡!
Soy @letipauliter

6 comentarios:

  1. Ay no!! La terminó de sonar pobre pau! mimiroxb

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  2. que fuerte que bueno q pau pudo decirle a pedro lo q le paso, se q el ya se odia x tratarla asi...quierooooo mas!!

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  3. Ayyyy pobre Pau estoy con un nudo en la garganta ¡ ahora q sufra Pedro por dejarse llevar por el tarado de Bruce

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  4. Wowwwwwwww, qué intensos los 3 caps. Al fin Pau se animó y le contó a Pedro su gran terrible secreto. Ahora le toca sufrir a Pedro.

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  5. Geniales los capitulosss! Al fin pau le pudo decir a pepe todoo!

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