domingo, 2 de noviembre de 2014

Capitulo 11: "Labios De Cereza"

Sólo
estaba Ana, sentada frente a una
humeante taza de café.
—Ah, ya estan aquí... —las saludó
sonriendo al verlas aparecer—. Espero
que tengan apetito. Miren, aquí tienen
pan de molde, unas lonchas de lacón,
queso... y una magnífica ensalada.

Paula tuvo que reprimir una risita.

Apenas había pan de molde para un
sandwich por cabeza, las lonchas de
lacón parecían papel de fumar, y con
la «magnífica» ensalada sólo podrían
servirse unas hojitas de lechuga cada
una.

—¿No me digas que Lucas se ha vuelto
a marchar? —inquirió Luciana
mientras se sentaban, al ver que en la
mesa sólo había tres servicios.

— Sí —asintió la mujer con un suspiro
—, tenía que comprobar no sé qué de
la auditoría que van a hacer de la
empresa que tenemos en Montana.

Paula no quería ni oír hablar de
auditorías. Aquel amigo de su tía que
la perseguía para que saliera con él
era precisamente auditor de una
importante auditora de Nueva York.

—¿Y va a estar fuera mucho
tiempo? —preguntó Lu.

Su madre se encogió de hombros.
—Un día o dos, me dijo, pero parece
que el auditor también tendrá que
venir aquí luego, para revisar el resto
de los libros de cuentas, ya sabes —al
ver la incomprensión en el rostro de
Su hija, Ana se echó a reír—. Sí, ya
sé, esto es Londres, pero Pedro
reinvierte aquí parte de las ganancias
de nuestra propiedad de Montana, y...
—meneó la cabeza—. Oh, no me
preguntes, para mí es tan confuso
como para ti. Pídele a tu hermano que te lo
explique algún día. Yo desde luego no
entiendo nada de negocios.

—Lucas sí —murmuró Luciana con una
sonrisa maliciosa—. Podría
preguntarle a él. Ana sonrió
maternalmente.

—Lucas me parece un buen
muchacho —le dijo—. Si necesitas una
aliada, cuenta conmigo, cariño.

—Gracias, mamá —respondió.
—, necesitaré toda la ayuda posible
para convencer a Pedro. Y hablando
de Lucas... —dijo volviéndose hacia su
amiga—, Pau, date prisa en comer,
quiero presentártelo. Es adorable, ya
lo verás.

Lucas, aunque resultó ser un buen
tipo, correcto y amable, como Paula
comprobó más tarde, sólo podía
parecerle «adorable» a una chica que,
como Luciana, estuviese perdidamente
enamorada de él. Más de una vez tuvo
que reprimir una sonrisa maliciosa
ante las miradas embelesadas que su
amiga le dedicaba al capataz mientras
charlaban con él.

Paula sabía que no iba a ser fácil que
su amiga y su joven pretendiente
venciesen las reticencias de Pedro a su
relación. Lu no lograría
convencerlo de que Lucas estaba
interesado en ella, y no en los
millones que heredaría en el futuro.

Pedro... ¡si tan sólo pudiese sacárselo
de la cabeza!, se dijo exasperada.

A la mañana siguiente Luciana y Paula
estuvieron haraganeando, dándose
baños en la piscina y tomando el sol,
y por la tarde salieron a montar a
caballo con Lucas. Paula se mantuvo
todo el tiempo unos metros por detrás
de ellos para que pudieran tener
intimidad, y al final comprendiendo
que estaba de más, terminó
regresando sola.

Tras dejar el caballo en el establo al
cuidado de Charlie, se dirigió a la
casa. La señora Alfonso había ido a
Calgary a comprar unas cosas, así que
no tendría a nadie con quien charlar,
pero no le importaba estar allí sola.

No era como estar sola en el enorme,
frío y silencioso apartamento de su tía
en Nueva York.

Entró en la casa, y apenas había
subido un par de peldaño de la
escalera, cuando apareció Pedro en el
rellano superior, que bajaba. Por un
instante se quedaron los dos
paralizados, mirándose como si no se
hubieran visto nunca.

—Oh, hola, no sabía que habías vuelto
ya —balbució Paula.

—¿Dónde están mi madre y mi hermana?
—inquirió el chico, bajando el resto
de peldaños hasta ella.

—Tu madre ha ido al pueblo a
comprar un par de cosas —respondió
la joven.

— ¿Y Luciana? —insistió Pedro
entornando los ojos.

Paula apartó la vista.
—Está... um... montando a caballo.

—¿Con Lucas?

Lo miró irritada.
—¿Qué tiene de malo Lucas?

Pedro enarcó las cejas.
—¿Acaso he dicho yo que tenga algo
de malo?

Paula se removió incómoda, pasando
la mano por la barandilla de la
escalera.

—Bueno... no —admitió a
regañadientes.

—Siempre tienes que esperar lo peor
de mí, ¿no es cierto? —inquirió Pedro.
Sin embargo, a pesar del exabrupto, el
deseo oscureció su mirada, mientras
estudiaba el rostro de Paula—. Tus
labios tienen el color de las cerezas —
murmuró.

Ella alzó la vista, aturdida por el
poético e inesperado halago, y Pedro
bajó otro escalón, acorralándola
contra la barandilla con su fuerte
cuerpo. Extendió una mano y la tomó
por la barbilla, acariciándole
suavemente el labio inferior con el
pulgar.

—¿Cuántos años tienes ahora? —le
preguntó en un tono sensual, pero
algo tirante.

La joven tragó saliva. La proximidad
de Pedro era demasiado turbadora, y
el olor de su colonia resultaba
embriagador.

—Ve... veinte —balbució—, pero
dentro de cuatro meses cumpliré los
veintiuno.

—Eres demasiado joven... —murmuró
él—. Aún ahora eres demasiado
joven... ¿Sabes cuántos años tengo yo?

—Veinte... ¿veinticinco? —musitó
Paula.

—Veintisiete — corrigió él. Sin poder
evitarlo, sus ojos descendieron hasta
los labios de la joven—. ¡Dios, tienes
una boca tan dulce...—farfulló.

Y, como si el haberlo admitido lo
irritara profundamente, se apartó de
ella, siguió bajando, y una vez en el
piso inferior se dirigió hacia la puerta
de entrada.

Paula lo había seguido aturdida con la
mirada y los labios entreabiertos. Por
un momento había creído que iba a
besarla. Y entonces, de pronto, él se
volvió, con la mano todavía en el
pomo, y la observó fijamente, leyendo
en su expresión el deseo que la estaba
consumiendo y que era demasiado
joven como para disimular.

Las facciones de Pedro se
endurecieron, su mano apretó el
pomo hasta que los nudillos se le
pusieron blancos y, maldiciendo entre
dientes, se apartó de la puerta y fue
derecho hacia ella.

Había tanta confusión en los grandes
ojos verdes de Paula , que lo estaban
observando acercarse, que casi
parecían negros. Ni siquiera fue capaz
de protestar cuando la tomó entre sus
brazos, aplastándola contra su duro
tórax, ni cuando inclinó la cabeza y se
apoderó de sus labios en un
movimiento rápido y seguro.

Paula, que no podía creerse que
aquello estuviera ocurriendo, cerró
los ojos para saborear mejor la calidez
y sensualidad de esos labios, pero
cuando él trató de hacer el beso más
profundo se tensó involuntariamente.

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3 capitulos!!
Comenten muchooo!
Gracias soy @letipauliter!

9 comentarios:

  1. Nooo podes dejarlo ahí!! Jajaj, muero x el prox cap! Cada vez me gusta más la nove! Espero los prox caps bsoo @GraciasxTodoPYP

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  2. Ayayay! No podes dejarlo asi! Me encantaron los caps!

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  3. Me encantaron!!!!! No podes dejarlo ahí, quiero mas!! Jajaa gracias por los 3 cap

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  4. Seguí subiendooooooo me encanta

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  5. Lucas vendría a ser Gustavo el del ganado? Seguí subiendo que no se pierda el hilo de la novela please!!!!!!!

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  6. Pasa link de los cortos tambiennnnnnn

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  7. Se esta poniendo buenísima! Yo tamb quiero el link de los cortos! mimiroxb

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