miércoles, 29 de octubre de 2014

Capitulo 1

Era una gloriosa mañana de junio, y
Paula Chaves estaba asomada a la
ventana de su dormitorio en la
residencia de estudiantes con los
codos apoyados en el alféizar y una
mirada soñadora en los ojos.

Los edificios del campus universitario
eran de estilo gótico, y parecían
sacados de otro siglo, pero eran las
vastas extensiones verdes lo que más
le gustaba a la joven. ¡Era un cambio
tan grande comparado con el
sofisticado apartamento de Nueva
York donde tendría que pasar sus
vacaciones...!

Temía el momento en que tendría que
subirse al avión y dejar de ver por un
mes su querida universidad de
Connecticut, y a su amiga y
compañera de cuarto, Luciana Alfonso.

El aire de la mañana era algo fresco, a
pesar de ser verano, y la bata de
franela que tenía puesta sobre el
pijama apenas la abrigaba. Era una
suerte que Luciana ya hubiera bajado,
pensó, porque si hubiera estado allí
en ese momento, la habría reprendido
por su impulsividad al abrir la ventana
de par en par.

Lu no era nada impulsiva. En ese
aspecto era igual a su hermano
mayor. Paula se estremeció
ligeramente. Tal era la reacción que le
provocaba el sólo pensar en Pedro Alfonso. Habían chocado desde el
primer momento en que se
conocieron. Y es que, por mucho que
las demás chicas de la residencia
suspiraran por el alto chico, Paula
únicamente sentía deseos de salir
huyendo cuando lo veía aparecer.
A lo largo de los cinco años que
Lu y ella llevaban siendo amigas,
Pedro le había dejado muy claro que
no le tenía simpatía precisamente. Y
todo, ¿por qué? Por culpa de la
impresión errónea que tenía de ella, y
contra la cual no podía luchar.

Nada de lo que pudiera decirle
cambiaría las cosas. Su opinión de ella
era tan injusta como el modo en que
la trataba, y aquello había hecho que
hubiera acabado temiendo las visitas
al rancho Alfonso en Cheshire.

El día anterior habían terminado las
clases, y Paula tenía el presentimiento
de que una vez más su amiga iba a
invitarla a pasar las vacaciones de
verano con ella y su familia.

Pedro olaría en su avioneta desde
Londres hasta Connecticut para
recoger a su hermana... y, como las
últimas veces, ella buscaría una
excusa para no ir.
Dejó escapar un pesado suspiro.

Por lo menos Lu tenía una madre, un
hermano, y un hogar esperándola. Ella
no tenía a nadie, excepto a su tía
Dillie, hermana de su difunto padre,
que en aquellos momentos estaba en
la Riviera con su último amante, así
que su apartamento de Nueva York,
donde iba Paula durante las
vacaciones, estaría más vacío que
nunca.

Al menos tenía el consuelo de que con
la llegada del verano, la agencia de
modelos para la que trabajaba desde
los quince años tendría algunas
ofertas para ella. Siempre había
considerado una inmensa suerte el
tener una buena figura y unas
facciones armoniosas, ya que así al
menos tenía un modo de pagarse los
estudios y sus gastos personales.

En la
agencia estaban encantados con ella.
De hecho, si tenían alguna queja, era
que opinaban que estaba
desperdiciando grandes oportunidades
al no dedicarse a ello por entero.

Paula se apartó de la ventana y la
cerró. Su pertenencia al mundo de la
moda era lo que hacía que Pedro la
despreciase como la despreciaba.

Tenía la opinión de que todas las
modelos eran unas descarriadas, y el
hecho de que su tía Dillie fuera
conocida por sus sonados idilios no
ayudaba demasiado. Era un hombre
anticuado y estrecho de mente en lo
respectivo a la permisividad de la
sociedad moderna. Él podía permitirse
tener un romance, pero le parecía que
una mujer soltera que hiciera lo
mismo no podía considerarse decente.

Nunca olvidaría el día que
Luciana se lo había presentado. Ellas
se habían conocido a los quince años
en un internado al que sus padres las
habían mandado, y desde entonces se
habían hecho amigas íntimas. Paula
había esperado que la familia de
Lu fuese tan abierta y cariñosa
como ella, y precisamente por eso se
había llevado un shock aún mayor el
día que Pedro se había presentado en
el internado para recoger a su
hermana y llevarla al rancho de la
familia en las afueras de Cheshire
para pasar allí las Navidades. El chico
la había mirado de arriba abajo, de un
modo que la había violentado, y había
recibido con expresión torva el alegre
anuncio de su hermana de que la
había invitado a ir con ellos.

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